César Augusto, las Obras Públicas y la crisis en España

Según cuenta la historia, César Augusto, el primero de los emperadores romanos, tuvo uno de los mandatos más prósperos del Imperio. Su objetivo principal era mejorar la vida de los ciudadanos a los que representaba. Tal era así, que cuando estaba convencido de que algo era bueno para los suyos y el Senado no se lo aprobaba, lo financiaba con su propio dinero. Entre otras cosas fue el responsable de que el propio Estado fuera el que mantuviera las carreteras para que todas las personas tuvieran la posibilidad de trasladarse con facilidad y no depender de las vías que creasen los más ricos; hizo público el sistema de recolección de impuestos; se atrevió a confiscar tierras a los más poderosos para hacer obras públicas; extendió y desarrolló la ley; favoreció el desarrollo de las provincias que habían conquistado (lo que se refleja muy bien, aunque en forma de sátira, en la película La vida de Brian, cuando terminan concluyendo: «Bueno, pero aparte del alcantarillado, la sanidad, la enseñanza, el vino, el orden público, la irrigación, las carreteras y los baños públicos, ¿qué han hecho los romanos por nosotros?»

El problema que tuvo César Augusto fue el de su sucesión. Finalmente se supo por su testamento que había adoptado a Tiberio para que así fuese su heredero. En este momento se supo que sus últimas palabras fueron, a modo de premonición: acta est fabula, la historia se ha terminado, la de la plebe, claro, pues con la llegada de Tiberio se limitaron los derechos electorales, sólo buscaba recaudar y aumentar sus arcas, recortó el presupuesto, comenzó el designio a dedo y la delegación de funciones por su apatía por la vida pública y los ciudadanos cada vez estaban más marginados. Motivo por el cual su muerte fue bien recibida entre la ciudadanía.

Este fragmento de la historia es fácilmente comparable con la España de las últimas décadas, en las que el progreso era continuo; los españoles mejoraban cada día su posición y aumentaba la riqueza; a grandes rasgos, todos los políticos e instituciones estaban bien valoradas; desde fuera España era vista como un ejemplo a seguir; los derechos de los ciudadanos aumentaban; las infraestructuras avanzaban y se mejoraban; la sociedad estaba contenta y comenzaba a sentirse europea.

Pero llegó la crisis económica y después la crisis social. Continúa letendo …

Las tres alternativas para salir de la crisis, por José Luis Sanchís, apareció en la edición impresa de El Mundo 6 de junio de 2013.

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